De residuos a recursos: Lima Compost y el potencial del compostaje en el Perú

Raúl Valenzuela, cofundador y gerente de Lima Compost, nos habla de la importancia del compostaje desde la experiencia de su empresa que ofrece servicios para que hogares y sector privado gestionen adecuadamente sus desechos y se conviertan en insumos de valor para la economía circular. Redacción: La Buena Práctica Entre todos los residuos que se generan cada día en Perú, aproximadamente 50% son residuos orgánicos que, en lugar de aprovecharse, terminan en rellenos sanitarios o basureros. Ahí, producto de la descomposición de residuos de alimentos y otros desechos orgánicos, se produce metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes, que contribuyen al calentamiento global. Y si bien el compostaje permite cuidar el medioambiente y transformar esos residuos orgánicos que irían a la basura, en abonos naturales, en recursos para las ciudades y la agricultura, o para recuperar suelos áridos, su potencial es muy poco aprovechado en Perú. Según cita la publicación «Estudio sobre la Gestión de Residuos Sólidos en Perú», elaborado por el Equipo de la Delegación de la Unión Europea en el marco de la Agenda de Inversión Global UE-ALC (GGIA) – Global Gateway, la valorización formal de residuos sólidos alcanza apenas el 2.72% del total valorizable en el país. El informe reporta también que la gestión de residuos sólidos enfrenta desafíos estructurales y operativos que impiden avanzar hacia un modelo sostenible, y que si bien en los últimos años se registraron esfuerzos normativos y de planificación, las brechas en infraestructura adecuada y valorización de residuos persistieron. Por ello, Valenzuela señala que es mucho lo que se puede y debe hacer en este campo y alienta a más actores a sumarse para ampliar el aprovechamiento de residuos sólidos. Entre las tres plantas que tiene Lima Compost en la capital peruana, reúnen cada día cerca de 40 toneladas de residuos orgánicos. “Son aproximadamente cuatro camiones de basura menos. Con respecto a la cantidad de residuos orgánicos esto es muy pequeño, menos del 0,1%. Es mucho lo que podemos y tenemos que hacer. Y cada vez las empresas son más conscientes”, sostiene Valenzuela. Lima Compost tiene actualmente aproximadamente 1 100 suscriptores, entre ellos hogares y unas 50 empresas. Valenzuela asegura que hay una tendencia positiva a incorporar modelos sostenibles. “Cada vez tenemos más clientes corporativos adoptando prácticas sostenibles, que requieren transformar sus recursos sólidos, ya sea por mayor conciencia o porque sus grupos de interés y el mercado valoran más si están comprometidos con la buena segregación y disposición de sus residuos sólidos”, explica a La Buena Práctica. Sumado a ello, la buena gestión de residuos puede aumentar el valor de marca y generar ahorros, pues se convierte en valor lo que las empresas pagan por botar. Pero el compostaje es también relevante para enfrentar otros problemas, como los que generan la mala gestión de la basura. En este punto, Valenzuela reitera que si todos los desechos fueran dirigidos a plantas de compostaje, se reducirían los problemas de salud pública vinculados a la mala gestión de residuos y los gases de efecto invernadero. “Nuestro país necesita el doble de rellenos sanitarios que tenemos. Sin lugares adecuados para disponer la basura, se generan botaderos informales, la basura se acumula en las calles de diferentes ciudades, y cuando la queman, se generan humos cancerígenos. Por ello, su adecuada disposición es urgente. El Estado está haciendo su parte, pero hay espacio para iniciativas privadas”, dice. La fórmula no es secreta. Lo que falta es decisión a todo nivel para que la buena gestión de residuos se convierta en la regla. “En Lima Compost proponemos aprovechar esos recursos, luchar contra el cambio climático y generar vida desde residuos que vuelven a la tierra y se convierten en abono que contribuye a la producción de alimentos sanos”, señala Valenzuela Foto: Lima Compost
¿Puede el sector privado contribuir a la conservación de la naturaleza?

Durante mucho tiempo se pensaba que la actividad empresarial y la conservación caminaban por cuerdas separadas. Sin embargo, las Áreas de Conservación Privada (ACP) muestran que propietarios, organizaciones y empresas pueden asumir un rol concreto en la protección del patrimonio natural. Esta figura comenzó a incorporarse en la legislación peruana en 1997, con la Ley de Áreas Naturales Protegidas, y fue reglamentada en 2001. Así se reconoció formalmente el trabajo de ciudadanos y propietarios que ya desarrollaban acciones de conservación, investigación y ecoturismo dentro de sus predios. Pero el reconocimiento legal es apenas el punto de partida. Conservar implica gestionar el territorio, destinar recursos, económicos y humanos, de manera sostenida, vigilar el ecosistema, ordenar sus diferentes usos y construir alianzas que permitan mantenerlo en el tiempo. Es un proceso costoso y complejo, especialmente en espacios sometidos a una creciente presión urbana. El Santuario de Amancay, gestionado por UNACEM Perú, es un ejemplo de esa evolución. Lo que comenzó hace más de 25 años con la protección de 70 hectáreas alrededor de la flor de Amancay hoy comprende 787 hectáreas, que alberga al menos 126 especies de flora y 49 de fauna, y que han sido reconocidas como la primera Área de Conservación Privada de Lima Metropolitana. La Buena Práctica conversó con Pedro Gamboa Moquillaza, subgerente de Gestión de Activos Ambientales de UNACEM Perú, quien nos explicó por qué conservar un ecosistema supone mucho más que proteger un espacio. También requiere dialogar con quienes lo utilizan, ordenar actividades como el deporte de naturaleza, involucrar a las comunidades y enfrentar amenazas como el avance de la urbanización. “No es la norma la que protege un espacio. Lo que se necesita es hacer actividad, desde conservación, aprovechamiento sostenible, educación, turismo, entre otras actividades. Tenemos una visión de círculo virtuoso de la conservación. Conservamos ecosistemas, estos generan beneficios que ayudan a la población, y la población ayuda a conservar estos ecosistemas”, explica Gamboa precisando que el mayor desafío es que las actividades que se realicen en el santuario sean sostenibles. Por ello, uno de los retos es lograr que los distintos actores encuentren valor en la conservación y contribuyan a sostener este círculo virtuoso que beneficie tanto al ecosistema como a su entorno. En el caso de esta empresa, la conservación forma parte de su estrategia para alcanzar la carbono neutralidad al 2050, junto con medidas más específicas de algunas de sus empresas, que pasan, por ejemplo, por utilizar fuentes de energía alternativas o reducir el contenido de clínker en el cemento. No Images Found! All Posts Actualidad Expertos Sostenibilidad Sinba, una empresa que transforma residuos en productos con valor agregado 21 de septiembre de 2026/No Comments Conoce la propuesta de una empresa netamente peruana cuyo propósito es cocrear «un mundo sin basura, donde nada sobra y… Read More All Posts Actualidad Expertos Sostenibilidad Sinba, una empresa que transforma residuos en productos con valor agregado 21 de septiembre de 2026/No Comments Conoce la propuesta de una empresa netamente peruana cuyo propósito es cocrear «un mundo sin basura, donde nada sobra y… Read More