Entrevista a Gabriel Quijandría – Director Regional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para América del Sur y ex Ministro del Ambiente de Perú
Por Iana Málaga
¿Qué significa en términos climáticos para el Perú y para Latinoamérica que aumente la temperatura del mar en más o menos 3.8 °C por encima de la media durante el Fenómeno de El Niño?
El Niño es un fenómeno natural y, en la actualidad, parte de las discusiones que se están dando es sobre si esto es causado por el cambio climático o no. Pero este fenómeno existe desde hace miles de años, y su efecto es el debilitamiento de los vientos que desplazan las masas de agua caliente del Pacífico Oriental.
Con el Niño estos vientos pierden fuerza y la masa de agua caliente se acerca hacia la costa peruana o la costa del Pacífico Oriental. Además, hay una diferencia de altura, ya que el lado de Australia se encuentra a mayor altitud que el de Perú y Ecuador. Entonces, por efecto de la gravedad, cuando no están los vientos que empujan el agua hacia el otro lado, esa masa caliente llega hacia el centro del Pacífico, que es cuando hablamos de un Niño global. Y si se pega a la costa del Perú, Ecuador, Colombia y Chile, hablamos de Niño Costero. En este caso, este año tenemos una combinación de ambos fenómenos. Tenemos condiciones de calentamiento extremo en ambas zonas.
Pero hoy se habla de un fenómeno sin precedentes.
Este año solo podemos compararnos con El Niño que ocurrió en 1877. Se sabe por los datos históricos que El Niño de ese año generó a nivel global impactos en términos de vidas humanas de 50 millones de personas, por la afectación a las cosechas y las lluvias gigantes que hubo ese año.
Ahora, sin duda, en Perú estamos mejor preparados que los dos Niños anteriores que recordamos: los de los periodos 1982-1983 y 1997-1998. No obstante, creo que la respuesta o las medidas tomadas para prevenir y responder a los efectos de El Niño de este año han sido tardías. Durante las gestiones de los tres o cuatro últimos presidentes había absoluta evidencia de que esto iba a venir y se hizo bien poco al respecto.

Crédito foto: Andina
¿Qué tanto contribuye el cambio climático que hoy enfrentamos, producto principalmente de la actividad humana, en la intensidad de este Niño?
Hoy existe mucha discusión científica sobre cuál es el efecto que podría estar produciendo el cambio climático sobre El Niño. Podría estar haciéndolo más fuerte o frecuente, pero eso está en discusión. Sin embargo, el escenario de cambio climático en el cual ocurre este Niño es algo que no podemos dejar de lado.
Hoy tenemos que lidiar con las dos cosas: con un Niño histórico por la fuerza con el que llega, y eso está ocurriendo en un entorno de cambio climático que no habíamos visto nunca, por los registros históricos de temperatura promedio que ya hemos alcanzado. En 2024, la temperatura promedio global rompió récords a nivel de registro histórico.
Y el fenómeno de El Niño siempre afecta a los más vulnerables…
Sí, claro. Uno de los efectos de El Niño es la activación de quebradas que han estado secas durante muchos años. Entonces, hay algo que uno siempre debe tener en cuenta: por donde bajó el río alguna vez, va a volver a bajar. No sabes cuándo, pero en algún momento va a volver el agua a ese cauce.
Entonces, si no se toman medidas por parte de los gobiernos locales para evitar que la población ocupe esas zonas de riesgo, pero también por parte de los gobiernos regionales y el Gobierno Nacional, esa inversión se va a perder. Incluso se pueden perder vidas humanas.
<<Para reducir al mínimo el impacto de este fenómeno y que no se convierta en un desastre provocado por la falta de planificación, hay que tomar otras medidas vinculadas a la gestión del territorio>>
¿Qué acciones debería liderar el Gobierno para fortalecer la organización en acción comunitaria y respuesta temprana? Y no hablo durante un año antes, sino cinco años antes de El Niño.
Por la magnitud que se prevé, este Niño tendrá consecuencias de todas maneras. Hoy, la estrategia debe enfocarse en cómo reducir los impactos al mínimo posible y evitar que comprometan la capacidad de recuperación posterior.
En este momento, se están tomando medidas vinculadas a la descolmatación de ríos y a la ampliación de cauces que son muy necesarias, y se pueden hacer en el espacio de tiempo que queda frente a la llegada de El Niño con toda su fuerza. Pero para poder reducir al mínimo el impacto de este fenómeno y que no se convierta en un desastre provocado por la falta de planificación, hay que tomar otras medidas vinculadas a la gestión del territorio. Hay que asegurar que las zonas alrededor de los ríos, que eventualmente se pueden desbordar, tengan una mayor capacidad de absorción del agua. Eso se hace a partir de trabajos de recuperación de las riberas y de las cabeceras de cuenca. Pero esas son intervenciones para las cuales ya no hay tiempo. Se tendrían que hacer cuando termine este Niño en previsión del siguiente.
¿Y qué tendría que hacer el Estado desde ahora para que las intervenciones de recuperación de ecosistemas se conviertan en una política sostenida de prevención frente a futuros fenómenos de El Niño?
A diferencia de otros países, en el Perú la infraestructura natural está reconocida como un concepto susceptible de recibir inversión pública. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no tiene ningún impedimento para financiar proyectos de inversión en infraestructura verde o intervenciones de reforestación. Esa figura existe. Incluso se pueden dar a través de mecanismos como las Obras por Impuestos (OxI). Tampoco hay ningún impedimento legal para que las empresas puedan adelantar el pago de su impuesto a la renta y apoyar inversiones verdes, como la recuperación de ecosistemas, en la lógica de que la naturaleza juegue a nuestro favor.
¿Cómo puede el sector privado contribuir de manera sostenida, más allá de la respuesta solidaria que las empresas suelen activar en medio de una crisis?
Una vez que ocurre el desastre, las donaciones del sector privado son fundamentales. Eso debe mantenerse, sobre todo para asegurar el acceso de la población a agua segura.
Pero dada la mayor flexibilidad que tiene el sector privado para gestionar sus fondos, las empresas tienen posibilidades de impulsar nuevas iniciativas y explorar otras formas de hacer las cosas, en comparación con la rigidez que a veces caracteriza al Estado en la asignación de recursos. Allí se podrían aprovechar instrumentos que ayuden a mejorar el perfil de sostenibilidad del territorio.
¿Actualmente existen iniciativas de soluciones basadas en la naturaleza (SbN) que las comunidades puedan fortalecer para reducir el impacto de los fenómenos naturales?»
En el país también existe una tradición histórica de intervenciones en el territorio que pueden considerarse SbN, como la experiencia de las Amunas, las cosechas de agua y la construcción y mantenimiento de andenerías.
Algunas de ellas vienen siendo apoyadas por comunidades durante muchísimos años. San Pedro de Casta es un ejemplo cerca de Lima donde se trabaja de la mano de empresas para impulsar las Amunas. Pero creo que todavía el sector privado no ha entrado con fuerza a apoyar este tipo de intervenciones.
Volviendo al panorama global, ¿hacia dónde nos dirigimos en términos de acción frente al cambio climático? ¿Estamos avanzando más que hace diez años?
Hasta hace unos años había una tendencia mundial positiva que se inició a finales de los 90 y se prolongó hasta el año 2015 con la aprobación del Acuerdo de París y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Pero a partir de la llegada de Donald Trump y personajes públicos que se sostienen en el negacionismo climático, estamos viendo un retroceso muy importante en términos de la comprensión o de la voluntad sobre las medidas que se deberían tomar para responder a este tema.
Un caso concreto en Perú es que teníamos un proyecto de infraestructura natural para la seguridad hídrica que estuvo trabajando muy de cerca con la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios. Bueno, con la disolución de USAID, esa intervención se paralizó. Por suerte, la Cooperación Canadiense tomó ese proyecto, pero se perdieron los recursos que había puesto a disposición el gobierno de Estados Unidos.
A nivel de discusión en las redes, es cierto que muchas ONG que dependían de los recursos de USAID se vieron afectadas, pero eso va a tener consecuencias concretas en la vida de miles de personas. Hay personas a las que se les va a caer la casa porque la intervención que se estaba planificando ya no se pudo hacer por falta de fondos. No es un tema ideológico, es un tema que tiene consecuencias concretas. Para muchas comunidades, el escenario va a cambiar completamente a partir de abril o mayo del próximo año, pues se quedarán sin casas o sin puestos de trabajo. Y eso es algo que hay que incluir en la discusión política.

Crédito foto: El Peruano
¿Hasta qué punto puede el sector privado involucrarse y asumir un papel más activo en el financiamiento de iniciativas que tradicionalmente dependían de la Cooperación Internacional?
Incluso antes de la disolución de USAID, el financiamiento de la Cooperación Internacional resultaba insuficiente para cubrir las necesidades de muchos proyectos, por lo que era necesario involucrar a otros actores, como el sector privado. Pero ahora que esos recursos han disminuido o ya no están disponibles, el sector privado está llamado a asumir un papel más activo en respuesta a los desafíos del cambio climático y la pérdida de la biodiversidad.
También empezamos a ver actores del sector privado con una mirada positiva respecto al papel que pueden cumplir en la resolución de problemas ambientales, y que además pueden generar rentabilidad o abrir nuevos mercados a partir del financiamiento de proyectos de desarrollo.
<<El sector privado está llamado a asumir un papel más activo frente a los desafíos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad>>
¿Puede dar ejemplos de otros países donde se dé una adecuada gestión de riesgo con soluciones basadas en la naturaleza?
Los esfuerzos por impulsar el enfoque de soluciones basadas en la naturaleza o de infraestructura natural están ocurriendo en todo el mundo. Algunos países están haciendo cosas muy interesantes. China, por ejemplo, viene impulsando ciudades esponja, es decir zonas con una cobertura verde lo suficientemente densa como para favorecer la absorción del agua de lluvias fuertes. En España también hay parques con reservorios temporales diseñados para recibir cantidades importantes de agua cuando vienen las lluvias.
Este tipo de experiencias están ocurriendo en todo el mundo. El tema es que exista voluntad para que las SbN o las intervenciones verdes sobre el territorio sean parte de la caja de herramientas que se utiliza para responder a los riesgos.
¿Cuál debería ser el foco en Perú que nunca se debería perder de vista a fin de responder adecuadamente frente a El Niño y otros fenómenos climáticos?
En países megadiversos como el Perú, la naturaleza es un elemento fundamental que siempre debemos considerar y poner de nuestro lado. Si no la tomamos en cuenta, los golpes van a venir precisamente sobre las cosas que hemos construido como sociedad.
Además, estamos en un país que tiene en su ADN un legado de creatividad importante que podemos aprovechar para que la naturaleza juegue a nuestro favor (como sucedió con los andenes), y no genere tragedias en términos de desbordes o de situaciones climáticas que siempre ocurren.
Por su ubicación geográfica, el Perú seguirá experimentando fenómenos de El Niño cada cierto tiempo. Los fenómenos naturales siempre van a ocurrir. Sin embargo, lo que podemos hacer es reducir al mínimo sus efectos negativos sobre la economía o sobre la sociedad, si ponemos a la naturaleza de nuestro lado. Si la convertimos en nuestra aliada en respuesta a los fenómenos naturales. Estamos en un momento histórico en el que contamos con una capacidad tecnológica y un nivel de conocimiento suficientes como para responder de manera adecuada.


