Historias de innovación y sostenibilidad que generan valor económico, social y ambiental en empresas, organizaciones y en la sociedad

Historias de innovación y sostenibilidad que generan valor económico, social y ambiental en empresas, organizaciones y en la sociedad

Gabriel Quijandría: “La naturaleza debería convertirse en nuestra aliada para responder a los fenómenos climáticos”

Entrevista a Gabriel Quijandría – Director Regional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para América del Sur y ex Ministro del Ambiente de Perú Por Iana Málaga ¿Qué significa en términos climáticos para el Perú y para Latinoamérica que aumente la temperatura del mar en más o menos 3.8 °C por encima de la media durante el Fenómeno de El Niño? El Niño es un fenómeno natural y, en la actualidad, parte de las discusiones que se están dando es sobre si esto es causado por el cambio climático o no. Pero este fenómeno existe desde hace miles de años, y su efecto es el debilitamiento de los vientos que desplazan las masas de agua caliente del Pacífico Oriental. Con el Niño estos vientos pierden fuerza y la masa de agua caliente se acerca hacia la costa peruana o la costa del Pacífico Oriental. Además, hay una diferencia de altura, ya que el lado de Australia se encuentra a mayor altitud que el de Perú y Ecuador. Entonces, por efecto de la gravedad, cuando no están los vientos que empujan el agua hacia el otro lado, esa masa caliente llega hacia el centro del Pacífico, que es cuando hablamos de un Niño global. Y si se pega a la costa del Perú, Ecuador, Colombia y Chile, hablamos de Niño Costero. En este caso, este año tenemos una combinación de ambos fenómenos. Tenemos condiciones de calentamiento extremo en ambas zonas. Pero hoy se habla de un fenómeno sin precedentes. Este año solo podemos compararnos con El Niño que ocurrió en 1877. Se sabe por los datos históricos que El Niño de ese año generó a nivel global impactos en términos de vidas humanas de 50 millones de personas, por la afectación a las cosechas y las lluvias gigantes que hubo ese año. Ahora, sin duda, en Perú estamos mejor preparados que los dos Niños anteriores que recordamos: los de los periodos 1982-1983 y 1997-1998. No obstante, creo que la respuesta o las medidas tomadas para prevenir y responder a los efectos de El Niño de este año han sido tardías. Durante las gestiones de los tres o cuatro últimos presidentes había absoluta evidencia de que esto iba a venir y se hizo bien poco al respecto. Crédito foto: Andina ¿Qué tanto contribuye el cambio climático que hoy enfrentamos, producto principalmente de la actividad humana, en la intensidad de este Niño? Hoy existe mucha discusión científica sobre cuál es el efecto que podría estar produciendo el cambio climático sobre El Niño. Podría estar haciéndolo más fuerte o frecuente, pero eso está en discusión. Sin embargo, el escenario de cambio climático en el cual ocurre este Niño es algo que no podemos dejar de lado. Hoy tenemos que lidiar con las dos cosas: con un Niño histórico por la fuerza con el que llega, y eso está ocurriendo en un entorno de cambio climático que no habíamos visto nunca, por los registros históricos de temperatura promedio que ya hemos alcanzado. En 2024, la temperatura promedio global rompió récords a nivel de registro histórico. Y el fenómeno de El Niño siempre afecta a los más vulnerables… Sí, claro. Uno de los efectos de El Niño es la activación de quebradas que han estado secas durante muchos años. Entonces, hay algo que uno siempre debe tener en cuenta: por donde bajó el río alguna vez, va a volver a bajar. No sabes cuándo, pero en algún momento va a volver el agua a ese cauce.  Entonces, si no se toman medidas por parte de los gobiernos locales para evitar que la población ocupe esas zonas de riesgo, pero también por parte de los gobiernos regionales y el Gobierno Nacional, esa inversión se va a perder. Incluso se pueden perder vidas humanas.   <<Para reducir al mínimo el impacto de este fenómeno y que no se convierta en un desastre provocado por la falta de planificación, hay que tomar otras medidas vinculadas a la gestión del territorio>> ¿Qué acciones debería liderar el Gobierno para fortalecer la organización en acción comunitaria y respuesta temprana? Y no hablo durante un año antes, sino cinco años antes de El Niño.   Por la magnitud que se prevé, este Niño tendrá consecuencias de todas maneras. Hoy, la estrategia debe enfocarse en cómo reducir los impactos al mínimo posible y evitar que comprometan la capacidad de recuperación posterior. En este momento, se están tomando medidas vinculadas a la descolmatación de ríos y a la ampliación de cauces que son muy necesarias, y se pueden hacer en el espacio de tiempo que queda frente a la llegada de El Niño con toda su fuerza. Pero para poder reducir al mínimo el impacto de este fenómeno y que no se convierta en un desastre provocado por la falta de planificación, hay que tomar otras medidas vinculadas a la gestión del territorio. Hay que asegurar que las zonas alrededor de los ríos, que eventualmente se pueden desbordar, tengan una mayor capacidad de absorción del agua. Eso se hace a partir de trabajos de recuperación de las riberas y de las cabeceras de cuenca. Pero esas son intervenciones para las cuales ya no hay tiempo. Se tendrían que hacer cuando termine este Niño en previsión del siguiente. ¿Y qué tendría que hacer el Estado desde ahora para que las intervenciones de recuperación de ecosistemas se conviertan en una política sostenida de prevención frente a futuros fenómenos de El Niño? A diferencia de otros países, en el Perú la infraestructura natural está reconocida como un concepto susceptible de recibir inversión pública. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no tiene ningún impedimento para financiar proyectos de inversión en infraestructura verde o intervenciones de reforestación. Esa figura existe. Incluso se pueden dar a través de mecanismos como las Obras por Impuestos (OxI). Tampoco hay ningún impedimento legal para que las empresas puedan adelantar el pago de su impuesto a la renta y apoyar inversiones verdes, como la recuperación de ecosistemas, en

La barrera de aguaymanto que protege al oso de anteojos

Redacción: La Buena Práctica Cuando el oso de anteojos baja del Parque Nacional del Manu hacia las chacras de las comunidades del valle del Mapacho, en Challabamba (Paucartambo, Cusco), el enfrentamiento con los agricultores suele terminar mal para el animal. Es un conflicto frecuente en la zona de amortiguamiento del parque, y una de las razones por las que la presencia de la especie resulta incómoda para quienes viven de la tierra. Alberto Suárez, gerente de Sostenibilidad y de Amarumayu, del grupo AJE, cuenta que la compañía encontró una salida a partir de un hallazgo casi anecdótico: la Sociedad Zoológica de Frankfurt, que trabaja en la zona, descubrió que al oso no le gusta el aguaymanto, aunque sí casi todo lo demás que cultivan las comunidades. De esa observación nace la lógica del proyecto. Si las familias amplían sus áreas de aguaymanto, el cultivo funciona como una barrera para el oso de anteojos. «Cuando hemos contribuido con esta compra, contribuimos a que las extensiones del cultivo crezcan y el oso vea una barrera», explica Suárez. La conservación llega, así, por una vía económica: sembrar aguaymanto resulta rentable para el agricultor y, a la vez, deja de empujar al oso de anteojos hacia el conflicto. Es en este escenario que se crea Amarumayu, línea de negocio del grupo AJE que elabora bebidas en base a frutas amazónicas. «Se creó justo para hacer cadenas de bionegocios con las comunidades amazónicas», dice Suárez. El Parque Nacional del Manu forma parte de esa cuenca, y el aguaymanto, uno de los superfrutos de la región, es el producto que articula la cadena. Según las cifras de la compañía, el programa, que lleva entre cuatro y cinco años, supera los 260 mil kilos comprados a comunidades como Challabamba, en Paucartambo, Cusco. Para Suárez, esa demanda sostenida ha tenido otro efecto menos visible: crear, por primera vez en esa zona rural, un tejido económico formal. El modelo se apoya en un acuerdo de conservación firmado entre el grupo AJE, a través de Amarumayu, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) y la Asociación de Agroexportadores Ukumari Paucartambo. El acuerdo beneficia directamente a 25 familias del valle del Mapacho y busca que el cultivo y la recolección sostenible del aguaymanto, insumo de las bebidas Bio Amayu, sean un incentivo adicional para mantener el bosque en pie. La meta declarada, señalan, es proteger 408 hectáreas de bosque en la zona de amortiguamiento del parque. Esta iniciativa fue reconocida la semana pasada con el Sello Empresa Hídricamente Responsable (EHR) 2026, otorgado por Aquafondo con el respaldo de Global Water Partnership Sudamérica. En la categoría Gestión de Cuencas resultaron premiados cinco proyectos, entre ellos «Aguaymanto y Conservación del Oso de Anteojos», de AJE Perú.

De la eficiencia hídrica a la restauración de ecosistemas: 24 empresas reciben el Sello Empresa Hídricamente Responsable de Aquafondo

Aquafondo reconoce a 29 proyectos empresariales en gestión del agua

Hace 16 años nació el Fondo de Agua para Lima y Callao (Aquafondo), una organización civil que actúa como plataforma de articulación multisectorial para contribuir a la seguridad hídrica de la capital peruana. La entidad reúne a actores públicos, privados, la comunidad científica y poblaciones locales con un objetivo claro: conservar y restaurar las cuencas de los ríos Chillón, Rímac y Lurín, principales fuentes de abastecimiento de la ciudad. De hecho, los Fondos de Agua son mecanismos de gobernanza multiactor presentes en varios países de América Latina. Buscan movilizar recursos financieros y articular intervenciones en cuencas hidrográficas mediante soluciones basadas en la naturaleza (SbN), con el propósito de fortalecer la seguridad hídrica de la región. Actualmente existen iniciativas que replican este mecanismo en Guatemala, Ecuador, Chile, México, Uruguay, República Dominicana, Colombia y Perú, que demuestran cómo estos esquemas colaborativos pueden contribuir al cierre de brechas sociales vinculadas al agua y al saneamiento, y promover la conservación de los ecosistemas. Reconocimiento empresarial La semana pasada, con el respaldo de Global Water Partnership South America (GWP Sudamérica), Aquafondo otorgó el Sello Empresa Hídricamente Responsable (EHR) 2026 a 24 empresas. Según la entidad, estas organizaciones movilizaron más de S/ 140 millones en inversión y beneficiaron a más de 370,000 personas a nivel nacional. El Sello EHR reconoció a las compañías que, de manera voluntaria, van más allá del marco normativo para transformar su compromiso ambiental en acciones concretas. Los proyectos galardonados superaron un riguroso proceso de revisión documental y auditoría técnica independiente. “El compromiso se demuestra con cada acción y eso es lo que distinguimos con este reconocimiento. Cuando el mundo atraviesa los efectos del cambio climático, anticiparse a estos riesgos es invertir en la continuidad y la competitividad de las operaciones de cada empresa, y al mismo tiempo contribuir a la seguridad hídrica de los territorios donde operan”, señaló Mariella Sánchez Guerra, directora ejecutiva de Aquafondo. En un escenario global de crisis climática -marcado por eventos como El Niño-, la participación del sector privado en la gestión sostenible del agua resulta crucial. Conoce las empresas que obtuvieron el Sello Hídricamente Responsable (EHR) 2026: Cultura del Agua (7 proyectos) Innovación en Agua (17 proyectos) Gestión de Cuencas (5 proyectos)

Innovación y compromiso con la sostenibilidad fueron reconocidos en Perú Sostenible 2026

Hace tan solo una década, hubiese resultado difícil en Perú un evento de tres días que reuniera en un mismo espacio al sector privado, la sociedad civil, la academia y entidades del Estado alrededor de una palabra: sostenibilidad. La cumbre Perú Sostenible 2026, que se desarrolló del 24 al 26 de septiembre, en Lima, y cuyo lema fue ‘Un país diverso, una visión compartida’, logró precisamente eso. Durante tres días, se convirtió en un espacio de diálogo y conocimiento, pero también en una vitrina de iniciativas y propuestas sostenibles e innovación, y en un foro para hablar de personas, planeta, resiliencia climática, ciudadanía, inteligencia artificial, competitividad, derechos, responsabilidad y futuro del trabajo. Temas diversos, cada vez más reconocidos como factores clave para la estrategia de los negocios. Entre las presentaciones y plenarias, Héctor Angarita, científico de la Alianza de Capital Natural de la Universidad de Stanford, enfatizó la importancia de reconocer el valor del capital natural en la toma de decisiones. Experiencias de inversión privada en fondos de agua, por ejemplo, muestran retornos, mejores activos naturales y un suministro más confiable del recurso. Estos beneficios, además de traducirse en mejores resultados para las empresas, contribuyen al cuidado del planeta. Por su parte, Claudia Bustamante, gerente de Sostenibilidad de Cementos Pacasmayo, planteó otro desafío: encontrar un balance entre las métricas y el rigor financiero necesarios para la toma de decisiones y aquellos componentes esenciales, como el valor humano, que no siempre pueden reducirse a un número, y cuyos impactos suelen ser visibles en el mediano y largo plazo. Perú Sostenible 2026 mostró el compromiso de distintos actores por avanzar en sostenibilidad. En Perú por los ODS se reconocieron 14 proyectos que impactan positivamente en cinco ejes temáticos: Personas, Planeta, Prosperidad, Paz y Pactos. Además, fue marco de la premiación de @kunanesahora El gran premio fue para @ronin_earth empresa que elabora calzado con suela de caucho natural proveniente de comunidades amazónicas, manteniendo el bosque en pie. Algo que quedó claro fue que ante problemas como las brechas sociales o el cambio climático, no vale pensar en función de la competencia o en otro sector: la articulación y las alianzas para responder a los desafíos son clave.

Presentan libro para contribuir a revitalizar lenguas originarias como el Taushiro

En Loreto, @grupoaje, @unescoperu y el @minculturape trabajan desde 2023 en una iniciativa orientada a revitalizar las lenguas Ikitu, Kukama Kukamiria y Taushiro. Es importante señala que en Perú existen 48 lenguas originarias, 44 de ellas amazónicas. Actualmente, algunas de ellas están en peligro y y mantenerlas vivas implica mucho más que registrar palabras. Supone preservar relatos, conocimientos y una memoria cultural que se transmite entre generaciones. El proyecto incluye talleres con jóvenes y sabios de las comunidades, formación de revitalizadores lingüísticos y elaboración de materiales educativos. Entre sus resultados está la publicación de “Awawantea’ke taushiro yaku. El libro de los que hablan taushiro”, que reúne vocabulario, relatos, expresiones y testimonios de Amadeo García, único hablante fluido de esta lengua en la actualidad. Esta publicación deja un registro de la lengua y su cultura. El desafío, sin embargo, está en lograr que estos conocimientos lleguen a las nuevas generaciones y que las lenguas mantengan espacios de uso cotidiano. Este libro forma parte del Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas 2022-2032 y refleja la articulación de diferentes sectores para contribuir a mantener vivas las lenguas originarias.

“Necesitamos más emprendimientos sociales cuyas soluciones contribuyan a cerrar brechas”

En el marco de la Cumbre Perú Sostenible, conversamos con Úrsula Moscoso, directora ejecutiva de Kunan, una plataforma que impulsa emprendimientos con impacto social y ambiental. Ella nos habló entre otros temas, de la importancia de la articulación y la colaboración para fortalecer el ecosistema de emprendimientos sociales y generar impactos positivos en la sociedad. Además, del Desafío Kunan, importante reconocimiento anual al emprendimiento social en Perú. ¿Cuál es la importancia de una plataforma como Kunan en el actual contexto país? El Perú es uno de los países más emprendedores del mundo, y los emprendedores que desarrollan una solución para resolver o aportar a una problemática nacional son muy importantes porque a través de ellos, no solamente se generan negocios, también se impacta de manera positiva a una comunidad o al ambiente. Es ahí donde entra Kunan, para poder fortalecerlos a través de mentorías, capacitaciones, conexiones, articulaciones, y así, ayudarlos a crecer. ¿Qué obstáculos han identificado que enfrentan las personas al momento de emprender? Emprender es muy solitario. En ese espacio en el que uno se siente solo y no sabe cómo seguir avanzando, Kunan busca desarrollar comunidad. Que los propios emprendimientos puedan apoyarse. Aún cuando tienen soluciones similares, lo que buscamos es que puedan colaborar entre ellos y escalar. Uno de los principales inconvenientes es la falta de financiamiento, la falta de acceso a mercados, la falta de conexiones, por ejemplo, con empresas del sector corporativo, con el sector público, con la academia. Lo que busca Kunan, al igual que Perú Sostenible, es articular. ¿Cómo definen lo que es un emprendimiento social? Es un negocio como cualquier emprendimiento, pero la diferencia es que busca resolver una problemática social o ambiental en el país. ¿Cómo está avanzando la formación de alianzas? Nosotros tenemos, una vez al año, el Desafío Kunan. Aquí hacemos un mapeo e identificación de los principales emprendimientos que están transformando realidades en diferentes territorios del país y brindamos capital semilla. Hay un proceso de postulación donde los emprendimientos llenan una ficha, postulan, explican qué es lo que hacen, cuál es el impacto que tienen, con cuánta gente están trabajando. En base a eso pasan por un proceso. Tenemos un comité técnico, evaluador, y empresas que financian diferentes categorías. Por ejemplo, Sodexo y Delosi financian la categoría Alimenta Perú. Cálidda financia la categoría Ciudades Sostenibles. Tratamos de que el corporativo pueda integrarse al Desafío Kunan y pueda trabajar con emprendedores de sus mismos sectores, y que no solamente estos emprendedores ganen capital semilla. Una vez terminado este desafío, la idea es que puedan integrarse. ¿Algún ejemplo de emprendimiento social reconocido por Kunan? El emprendimiento que ganó el Gran Desafío Kunan en 2025 se llama Kawát y está liderado por Uriel Torres, de la región San Martín. Ellos han desarrollado una especie de insecto, que lo que hace es consumir residuos orgánicos y transformarlos en proteína, que reemplaza la proteína para los animales. Entonces, es economía circular, pero también tiene un impacto a nivel ambiental y a nivel de las comunidades. Lo que hacemos es hacerles un acompañamiento técnico para poder identificar en qué deberían invertir el dinero (S/ 50 000), y de esa forma poder ayudarlos a seguir creciendo. Una buena práctica, que impulsamos desde Kunan, es la colaboración entre los emprendedores. Cuando se habla de empresas, muchas veces dicen ‘ah, no está dentro del mismo sector’. Lo que buscamos es que entre ellos puedan colaborar y hacer sinergias porque finalmente vivimos en un país con tanta necesidad y tantas brechas sociales que necesitamos más emprendimientos cuyas soluciones puedan empezar a cerrar brechas e impactar positivamente en las comunidades. Tratamos de construir una comunidad. Hoy tenemos más de 140 emprendimientos en la comunidad Kunan. ¿Algún mensaje para emprendedores desde Kunan? Que se animen a emprender, que nunca va a ser fácil, pero que tienen siempre un aliado en Kunan para poder identificar cuáles son las principales problemáticas que tiene en el país y cuáles son las soluciones que pueden tener los emprendedores.

Filantropía en Perú, del asistencialismo al fortalecimiento de capacidades

La filantropía en Perú está cambiando. Frente a intervenciones tradicionalmente más asistencialistas, hoy gana espacio el enfoque de desarrollo de capacidades y la generación de oportunidades de largo plazo. Este y otros temas son abordados en ¿Cómo transformar la filantropía en Perú?, una reciente publicación del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, elaborada con el apoyo del Banco de Ideas de Credicorp, que hace una importante radiografía de este sector. El informe, que analiza la evolución del sector entre 2017 y 2025, a partir de una encuesta a 130 organizaciones filantrópicas del país, revela que, en 2025, el 43% adoptó un enfoque de capacidades, mientras que el 39% se concentró en el desarrollo y el 11% en misiones tradicionales. Los resultados muestran una tendencia hacia un mayor énfasis en la generación de oportunidades a través de la educación y la capacitación, en la que ganan terreno conceptos como empoderamiento y liderazgo, frente a intervenciones de carácter más asistencialistas y de respuesta inmediata, predominantes en años anteriores. En un contexto de desconfianza institucional, esta evolución de la filantropía peruana viene acompañada de una diversificación de sus áreas de intervención, con una creciente atención a temas vinculados con la ciudadanía y la participación. Esta tendencia refleja un mayor interés del sector filantrópico por impulsar iniciativas orientadas, por ejemplo, a fortalecer una ciudadanía activa. Sobre el tamaño de las organizaciones -detalla la investigación- en el ecosistema filantrópico conviven organizaciones con ingresos anuales de S/ 150 000 y otras con endowments de hasta US$ 120 millones. Además, el 60% de los ingresos proviene de fuentes extranjeras y empresariales. Sin embargo, junto con la diversificación de temas y estrategias y una mayor profesionalización del sector, persiste un desafío importante: la evaluación de las intervenciones. El informe encuentra que las evaluaciones metodológicamente más rigurosas son aplicadas por apenas el 8% de las organizaciones, frente al 33% reportado en 2017. Esta brecha puede limitar la generación de evidencia sobre el impacto de las intervenciones y una toma de decisiones más informada. Por ello, fortalecer este punto aparece como uno de los retos para consolidar una filantropía que genere impactos más sostenibles y de largo plazo.

Sinba, una empresa que transforma residuos en productos con valor agregado

Conoce la propuesta de una empresa netamente peruana cuyo propósito es cocrear «un mundo sin basura, donde nada sobra y nadie sobra” al lado de otras organizaciones y actores. En el Perú apenas se recicla el 2% de los residuos generados, pese a que hasta el 80% podría ser reaprovechado. Cuando no reciben una gestión adecuada, estos materiales terminan en rellenos sanitarios, botaderos informales o contaminando mares, ríos y otros ecosistemas. Frente a este problema, Sinba ofrece soluciones integrales para que organizaciones de distintos sectores reduzcan sus residuos y encuentren un destino útil para los materiales que generan. Para Pipo Reiser, gerente general y cofundador de la empresa, el primer paso consiste en dejar de considerar los residuos como basura y reconocer que pueden transformarse en materia prima para diferentes industrias, tener una segunda o tercera vida útil y reingresar a la cadena productiva. Emprender con propósito Antes de crear Sinba, Reiser inició su carrera en el ámbito de la cooperación internacional, donde conoció de cerca el trabajo de organizaciones orientadas a generar impacto social. Posteriormente, dio un giro hacia los sectores de energía y construcción, en los que se desempeñó en las áreas comercial y de desarrollo de negocios. Sin embargo, a los 25 años tuvo una especie de epifanía, por lo que decidió renunciar a su trabajo y emprender. Aunque todavía no contaba con un proyecto completamente definido, sí tenía la convicción de que era el momento de intentarlo. “Cuando uno trabaja con un propósito, el universo conspira para ayudarte en el camino”, afirma. Pipo recuerda que, sin mayores obligaciones a cuestas, ese era el momento en la vida para lanzarse a emprender. «No tenía planes, pero decidí intentarlo y encontrar a otras personas que estuvieran en el mismo camino que yo”, rememora. El tiempo terminó dándole la razón. De los restaurantes a una solución integral Sinba nació en 2016 como una empresa enfocada en brindar una solución de gestión de residuos para restaurantes. «Inicialmente, solo nos ocupábamos de sus residuos orgánicos”, explica Reiser. De hecho, su modelo de negocio comenzó enfocado en el sector gastronómico, en un momento marcado por el auge internacional de la cocina peruana. Entre sus primeros clientes estuvieron La Baguette y Central. Con el tiempo, Sinba amplió tanto la variedad de materiales procesados como los sectores atendidos. Actualmente trabaja con residuos orgánicos, plásticos, cartón, vidrio y metales, entre otros. Hoy la empresa atiende desde cafeterías y hoteles boutique, hasta centros comerciales y grandes industrias. Pero más allá del tamaño o tipo de organización, Reiser considera fundamental la voluntad de los líderes empresariales para transformar la manera en que se gestionan los desechos en el Perú. Y es que así como deben cumplir las obligaciones establecidas por la normativa peruana en materia de gestión de residuos, «el verdadero cambio ocurre cuando una organización comprende que los residuos forman parte de su operación y sus líderes asumen la responsabilidad por su destino», refiere.  Bajo esa lógica, el propósito de Sinba es acompañar a las empresas en su tránsito hacia operaciones con cero residuos. Para ello, analiza los materiales generados por cada organización, promueve su adecuada separación, los procesa y los conecta con otras actividades productivas que puedan aprovecharlos nuevamente. Hoy Sinba también es una Empresa B, denominación que reciben las compañías que, además de buscar rentabilidad económica, asumen compromisos verificables de impacto positivo en la sociedad y el ambiente. Su propuesta demuestra que aquello que una compañía descarta puede convertirse en abono, alimento para animales o materia prima para otra industria. Circularidad con impacto social En la actualidad Sina trabaja con más de 15 industrias que reciben los materiales recuperados. Dependiendo de sus características, los residuos orgánicos pueden convertirse en abono natural o en alimento para animales. En tanto, materiales inorgánicos como el cartón y el plástico son procesados para retornar como materia prima a distintas industrias. Para ello, Sinba cuenta con dos operaciones principales. En su planta de Lima Sur recibe y acondiciona los residuos orgánicos para transformarlos en compost. Por otro lado, en su Centro Inclusivo de Recuperación Circular (CIRC) procesa materiales inorgánicos, como plástico, cartón, vidrio y metales, preparándolos para que puedan ser aprovechados por otras industrias. El modelo también incorpora a recicladores de base, actores fundamentales para la recuperación de materiales en el Perú. Además de comprarles materiales reciclables, Sinba impulsa el programa Sin Barreras, mediante el cual acompaña a los recicladores en sus procesos de formalización y en fortalecer sus capacidades, con el objetivo de mejorar sus condiciones laborales e integrarlos de una manera más justa a la economía circular. “Uno de los grandes pendientes de nuestro país es poner en valor a los recicladores y recicladoras. del Perú”, sostiene Reiser. De esta manera, Sinba busca superar una visión limitada del reciclaje y avanzar hacia un modelo circular en el que los materiales permanezcan en uso durante el mayor tiempo posible, generando valor ambiental, económico y social para el país.

La apuesta del Banco de Alimentos por un país sin hambre y desnutrición

En el Perú existe una gran contradicción: somos reconocidos como un hub gastronómico de clase mundial, pero la mitad de la población vive en inseguridad alimentaria. Frente a esta realidad, el Banco de Alimentos Perú trabaja junto a aliados y empresas de diferentes sectores para recuperar productos alimentarios y colocarlos en las mesas, en un claro ejemplo de cómo el sector privado puede contribuir a la lucha contra el hambre y la desnutrición. Estos alimentos son redistribuidos entre organizaciones que atienden a poblaciones en situación de vulnerabilidad en cadenas de solidaridad, gestión social y logísticas muy importantes que hoy destacamos. Daniela Osores, gerenta general del Banco de Alimentos Perú, organización sin fines de lucro, que opera desde 2014 en el país, nos contó sobre los principales y avances y desafíos en la lucha contra la inseguridad alimentaria en Perú.