La filantropía en Perú está cambiando. Frente a intervenciones tradicionalmente más asistencialistas, hoy gana espacio el enfoque de desarrollo de capacidades y la generación de oportunidades de largo plazo. Este y otros temas son abordados en ¿Cómo transformar la filantropía en Perú?, una reciente publicación del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, elaborada con el apoyo del Banco de Ideas de Credicorp, que hace una importante radiografía de este sector.
El informe, que analiza la evolución del sector entre 2017 y 2025, a partir de una encuesta a 130 organizaciones filantrópicas del país, revela que, en 2025, el 43% adoptó un enfoque de capacidades, mientras que el 39% se concentró en el desarrollo y el 11% en misiones tradicionales. Los resultados muestran una tendencia hacia un mayor énfasis en la generación de oportunidades a través de la educación y la capacitación, en la que ganan terreno conceptos como empoderamiento y liderazgo, frente a intervenciones de carácter más asistencialistas y de respuesta inmediata, predominantes en años anteriores.
En un contexto de desconfianza institucional, esta evolución de la filantropía peruana viene acompañada de una diversificación de sus áreas de intervención, con una creciente atención a temas vinculados con la ciudadanía y la participación. Esta tendencia refleja un mayor interés del sector filantrópico por impulsar iniciativas orientadas, por ejemplo, a fortalecer una ciudadanía activa.
Sobre el tamaño de las organizaciones -detalla la investigación- en el ecosistema filantrópico conviven organizaciones con ingresos anuales de S/ 150 000 y otras con endowments de hasta US$ 120 millones. Además, el 60% de los ingresos proviene de fuentes extranjeras y empresariales.
Sin embargo, junto con la diversificación de temas y estrategias y una mayor profesionalización del sector, persiste un desafío importante: la evaluación de las intervenciones. El informe encuentra que las evaluaciones metodológicamente más rigurosas son aplicadas por apenas el 8% de las organizaciones, frente al 33% reportado en 2017. Esta brecha puede limitar la generación de evidencia sobre el impacto de las intervenciones y una toma de decisiones más informada. Por ello, fortalecer este punto aparece como uno de los retos para consolidar una filantropía que genere impactos más sostenibles y de largo plazo.



