Historias de innovación y sostenibilidad que generan valor económico, social y ambiental en empresas, organizaciones y en la sociedad

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Una matriz energética más diversificada al 2030

Reducir emisiones y la huella de carbono es uno de los principales desafíos de los sectores productivos. En esa línea, aumentar la participación de energías renovables no convencionales en la matriz energética peruana, es clave para enfrentar el cambio climático y reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, como el petróleo. Esta diversificación no es solo una cuestión ambiental y de reducción de emisiones: también responde a un tema de costos y de seguridad energética.


Actualmente, la energía eólica y solar —de mucho potencial en Perú— generan alrededor del 9% de la producción eléctrica a nivel nacional, según fuentes oficiales. El potencial de crecimiento es enorme. Según el Ministerio de Energía y Minas (MINEM), el país cuenta hoy con una cartera de 247 iniciativas de energías renovables y sistemas de almacenamiento, con una potencia nominal de 49,644 megavatios (MW) y una inversión asociada de US$ 46,859 millones. De ese total, 184 proyectos ya se encuentran en desarrollo.
La meta del Estado peruano, plasmada en distintos marcos normativos, es aumentar progresivamente el aprovechamiento de estos recursos hasta alcanzar el 20% de participación en la matriz de generación eléctrica para 2030.

Más allá de ser una fuente de energía limpia y renovable, esta transición garantiza mejores costos para empresas y usuarios, y mayor seguridad energética, al diversificar una matriz que hoy depende en gran medida de las hidroeléctricas y el gas natural.

¿Cómo puede una empresa acreditar el origen renovable de su energía?

Foto: Agencia Andina

En este proceso, el sector privado tiene un rol clave como inversionista y promotor de nuevas tecnologías y proyectos pero también como consumidor de energía.

De hecho, la transición energética también abre una oportunidad a las empresas para avanzar en sus propias metas de descarbonización. Una de las herramientas disponibles son los certificados de energía renovable, como los I-REC, que permiten acreditar que una determinada cantidad de electricidad consumida está asociada a generación proveniente de fuentes renovables, y cómo varias empresas peruanas ya han acreditado, a través de esta herramienta el uso de energías renovables.

Este mecanismo es reconocido por el GHG Protocol —el estándar internacional de referencia para el reporte de emisiones corporativas— como un instrumento válido para contabilizar la reducción de emisiones de Alcance 2 en los balances de sostenibilidad.

En un contexto donde la sostenibilidad se ha vuelto una condición de competitividad —para acceder a financiamiento verde, a cadenas de valor internacionales y a una buena reputación—, adoptar y certificar el uso de energías renovables es una decisión estratégica de compromiso ambiental y de negocios.

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